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Por qué el Gobierno Nacional no puede seguir haciendo populismo

El problema del pánico y de la tentación después de la derrota electoral.

Es evidente que después del enorme fracaso electoral del kirchnerismo en la Provincia de Buenos Aires, el Gobierno de Alberto Fernández entre en pánico, se tiente y emita una brutal cantidad de pesos para intentar en estos dos meses dar vuelta la elección. Pero porque decimos que el Gobierno no puede seguir haciendo populismo.

En este contexto, un informe de la Consultora Analytica señala que «la contundencia de la derrota en las PASO exige que el gobierno redireccione su política económica. El voto castigo está explicado en gran parte por la pérdida real de ingresos y de empleos y la sociedad reclama una reacción oficial».

A este diagnóstico, se le pueden sumar varios otros factores tal como: el vacunatorio VIP, el Olivos-Gate, los miles de puestos de trabajo destruidos, el recuerdo de que que los chicos estuvieron un año y medio sin ir al colegio, los miles de comercios que tuvieron que cerrar por la cuarentena más larga del mundo, las miles de pymes cerradas, las empresas grandes como Lan, Qatar, Norwegian, Falabella, etc que se fueron de la Argentina, y la pérdida de confianza en las políticas del Presidente Alberto Fernández y de la Vicepresidente Cristina Kirchner, entre otros factores que explican la severa derrota del kirchnerismo en gran parte del país.

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Siguiendo con el informe económico, desde la Consultora Analytica analizaron algunos puntos de la coyuntura económica que resumimos a continuación:

  • La alternativa de radicalización, entendida como un tsunami de gasto financiado con emisión para “quemar las naves”, no tiene fundamentos sólidos. En concreto, no existe financiamiento disponible, ni en pesos ni mucho menos en dólares, para semejante opción extrema. El fuerte ajuste fiscal y monetario que el gobierno llevó adelante hasta julio confirma que comprende los límites estrechos sobre los que debe gestionar. Las reservas líquidas en el Banco Central, descontando el reciente giro de DEGs del FMI, no llegan a usd 5.000 millones, la deuda en pesos se refinancia, pero cada vez con más dificultades, y acelerar la emisión con una brecha del 80% sería suicida.
  • Volver a la “épica” que siguió a la derrota del kirchnerismo de 2009, como desde ciertos espacios de la coalición se añora, sería un camino desacertado. Ninguna de las condiciones de la recuperación del PIB que se dieron en 2010 y 2011 están presentes. Los precios internacionales ya alcanzaron máximos en la primera mitad de 2021, y para el año próximo los futuros de soja están en 500 dólares la tonelada. No existen AFJPs a estatizar ni tampoco reservas suficientes en el Banco Central como entonces (equivalentes al 10% del PIB).
  • Pero, además, dato central, el FMI ya había dejado de ser relevante en la economía argentina. Néstor Kirchner había cancelado con reservas los últimos usd 9.600 millones del préstamo en enero de 2006 y rechazado las revisiones periódicas del artículo IV del organismo. Ahora, al contrario, es el acreedor principal, convirtiéndose de nuevo en actor protagónico de la próxima década.
  • La inflación está corriendo por delante de los salarios del sector privado y sobre todo del sector públlico y de las jubilaciones y a su vez la dinámica inflacionaria desalienta la inversión privada. La inflación se come el capital, tanto físico como humano y también político.

Con todos estos datos, es sencillo darse cuenta porqué el Gobierno Nacional no puede seguir haciendo populismo para intentar revertir el resultado de la elección en noviembre. Una emisión de pesos descontrolada podría afectar la gobernabilidad en los dos últimos años de gestión del cuarto gobierno kirchnerista.

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