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Más de 18 millones de argentinos sufren pobreza y hambre

El Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner multiplicó los pobres y los indígentes en los últimos dos años.

Como consecuencia de la severa crisis económica que está viviendo la Argentina, 18.800.000 argentinos son pobres y gran parte de ellos sufren hambre y desnutrición.

A su vez, las cifras oficiales del Indec indican un dato durísimo: 54 de cada 100 chicos menores de 14 años son pobres.

En este contexto surge un interrogante; Dónde quedaron las promesas de campaña de Alberto Fernández cuando decía que «si llego a ser electo me voy a poner al frente de la campaña contra el hambre en la Argentina. Pero a partir de hoy podemos empezar a resolver cosas», o cuando afirmaba que «tenemos que tener vergüenza de decir que el país produce alimentos para 400 millones de personas y no podemos alimentar a 15 millones en situación de pobreza», afirmaba Fernández, en la presentación oficial del plan «Argentina contra el hambre».

Está claro que el cuarto gobierno kirchnerista no resolvió el problema, más bien todo lo contrario, multiplicó los pobres en estos casi dos años que lleva al frente de la Presidencia de la Nación.

Testimonios de familias que no tienen para comer

«En nuestro comedor atendíamos a 130 chicos y a algunos adultos y ahora estamos recibiendo a más de 400. Hoy cocinamos para 350 bocas y no alcanzó. Recibimos a personas que jamás habían pensado que iban a tener que hacer una fila para poder alimentarse».

«Nosotros en mi casa hace meses que no comemos carne y a su vez muchas veces a la noche nos vamos a dormir después de haber tomado un te con galletitas ya que no tenemos mercadería para hacer una cena normal».

«Yo antes de la cuarentena venía trabajando como vendedora ambulante en los trenes, pero después cuando nos encerraron en casa no pude volver  a trabajar. Y después cuando abrieron todo de vuelta ya no pude volver a trabajar en la calle porque no tengo plata para comprar los productos que vendía.Yo tengo cuatro hijos y muchos días al mediodía vamos a buscar la comida a un comedor comunitario, pero muchas veces no alcanza la comida que me dan para que coman mis hijos y eso me pone muy mal».

«Hace meses que vivo angustiada y lloro sin que mis hijos me vean porque me da vergüenza que mis hijos me vean llorar. No sé como va a terminar todo esto. Estamos muy mal y no encontramos la salida a esta crisis. Pasamos hambre todos los días».

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