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A partir de la cuarentena obligatoria, el hambre se disparó en muchas zonas del país

A partir de la cuarentena obligatoria decretada por el Presidente Alberto Fernández, el problema del hambre se disparó en muchas zonas del país, especialmente en el Conurbano Bonaerense. En un comedor comunitario ubicado en la localidad de Quilmes Oeste se multiplicó la cantidad de gente que atienden. No admiten más que una persona por familia con un recipiente. Y muchas de las familias que asisten a estos comedores comunitarios lo hacen por primera vez.

Las personas que trabajan en estos comedores sostienen que el panorama actual es muy similar al que se vivió en la crisis del 2001, es como volver a vivir esa crisis. Algunos en el comedor sostienen que «esto es mucho peor que la crisis de 2001».

A partir del decreto presidencial que impuso las restricciones, muchos vecinos se quedaron sin poder salir a trabajar y esto modificó de inmediato el rol del comedor y lo hizo indispensable para un número mucho mayor de personas. «En nuestro espacio atendíamos a 130 chicos y algunos adultos y ahora estamos recibiendo a más del doble. Hoy cocinamos para 300 bocas. Recibimos a personas que jamás habían pensado que iban a tener que hacer una fila para poder alimentarse. Mujeres que trabajan por horas o por día, vendedores ambulantes, feriantes, trabajadores de la construcción y muchos otros», afirma un voluntario del comedor comunitario.

Asimismo, desde el comedor comunitario de Quilmes Oeste sostienen que «si no fuera por nuestra existencia, la ayuda del Estado no hubiera llegado tan rápido. Nos llegan alimentos secos, fideos, arroz, aceite, y también verduras, tomate, zapallo, huevos, pero no carne y pollo que lo seguimos comprando nosotros».

Con respecto a los artículos de limpieza e higiene personal, desde el comedor comunitario remarcaron que «los hombres nos arreglamos con jabón, pero las mujeres precisan otras cosas», puntualizan y agregan: «La garrafa para cocinar también la pagamos de nuestro bolsillo».

Durante la visita al comedor se pudo observar como algunos vecinos ocultan la cara por vergüenza. Están acostumbrados a alimentar a sus familias con el esfuerzo del trabajo y no quieren ser vistos en esta situación.

En este contexto, debemos recordar lo que decía Alberto Fernández durante la campaña: “Si llego a ser electo, me voy a poner el frente de la campaña contra el hambre en la Argentina. Lo primero que vamos a reperfilar son los precios de la canasta básica para que todos tengan acceso. Esta es una batalla que debemos dar como sociedad, que alguna vez nos conmueva la vergüenza de ver la miseria que vemos al lado nuestro. Deberíamos tener vergüenza», afirmaba Alberto Fernández durante la campaña.

¿Dónde quedaron estas promesas de campaña?

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